Miércoles, 05 de abril de 2006
Érase una vez una universitaria que estudiaba ingeniería mecánica (porque su madre la había obligado) en una Universidad muy lejos de donde se había criado. La llamaban Caperucita morada porque se le había caído una sustancia química sobre su caperuza y se había desteñido.
A pesar de estudiar ingeniería mecánica ella quería ser abogada, así que cuando a su abuela le robaron parte del huerto cuando el vecino movió el seto, fue a ayudarla a expropiar al vecino del terreno de su abuelita.
Entonces salió de su pisito de soltera y decidió coger el metro para llegar a casa de su abuelita. Pero como había tantas obras tuvo que coger un taxi y a medio camino se quedó sin dinero y tuvo que continuar andando.
Como su abuela sabía de su visita mandó a un exnovio de Caperucita (de uno de aquellos veranos en el pueblo) que se llamaba Luís Alfonso, a recogerla. Pero Luís Alfonso tampoco tenía dinero porque encontrar empleo está difícil y la juventud está toda en el paro, así que en vez de ir en moto (que el gasoil está caro) fue a buscarla en monopatín.
Cuando estaba allí y se encontró con Caperucita se dio cuenta de que no entraban en el monopatín así que después de hacer auto stop llegaron a casa de la abuelita muy cansados, pero la abuelita no aparecía por ninguna parte.
Un rato después Caperucita vio un letrero en la nevera que decía que se había ido a jugar al bingo. Así que Caperucita y Luis Alfonso se fueron a intentar explicarle al vecino que lo que había hecho era ilegal para ver si recapacitaba y no había que llevarle a los tribunales.
Pero no encontraban al vecino por ninguna parte, y Luis Alfonso se asustó y pensó que se había ido de vacaciones a Canarias y que tardarían mucho en encontrarle porque los jubilados de aquel pueblo siempre iban un mes a Canarias y como los móviles eran muy complejos, no había forma de localizarles.
Cuando se lo explicó a Caperucita ésta se cabreó mucho y decidió volver a su casa cogiéndole un préstamo de paga a su abuela de la hucha que todas las abuelitas tienen en alguna parte.
Decidió cogerlo ella porque luego resulto que de camino al bingo su abuelita había cambiado de idea y, olvidándose de ella, se había ido a Canarias también.
Y con ese dinero Caperucita volvió a su casa y harta de tanto rollo dejo la ingeniería mecánica y se metió en derecho donde se graduó con honores y se casó con un joven juez muy apuesto.
Años después su abuela la llamó y le dijo que todo estaba solucionado porque el vecino y ella se habían hecho amantes en Canarias, así que lo que era de uno era de otro. ¿Para qué complicarse más?
Espero que lo que hayáis leído no os haya hecho pensar qué necesito un manicomio pero ya, hace tiempo se me ocurrió esta idea: modificar cuentos populares a algo más personal y actual. Y esto fue lo que salió entre hoy y ayer por la tarde...
Por: Lyra | Libros | Comentarios (0) | Referencias (0)
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